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La protección de datos en los entornos de realidad virtual: ¡Adiós, mundo real!

Artículo elaborado por David Maeztu (@davidmaeztu), socio-abogado de Abanlex.

La mejora y abaratamiento de los equipos y sistemas de realidad virtual durante este 2016, van a poner de manifiesto todo un nuevo ámbito de análisis y preocupación jurídica en los próximos meses.

Facebook con Oculus, Sony con Playstation VR, Google con su propia división de VR, Samsung, HTC o incluso Apple, lanzarán este año  productos relacionados con la realidad virtual o trabajan ya en ellos.

Por eso para Abanlex, la realidad virtual ya es una nueva área de práctica.

El quid de la cuestión reside en que para conseguir una auténtica experiencia inmersiva en la realidad virtual, esto es, para que tengamos la auténtica sensación de estar habitando un mundo que no es el nuestro, generado artificialmente, necesitamos que se reproduzcan las condiciones del mundo real que nos rodea.

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Cedida por pestoverde vía Foter.com bajo CC-BY

Es decir, puede ser divertido pasear por un mundo virtual postapocalíptico, sumergirnos en el fondo del mar o pasear por un bosque solitario, pero seguro que las impresiones más intensas son aquellas en las que lo representado se confunde con nuestra auténtica realidad física.

Para conseguir esa representación, esa auténtica realidad virtual, será necesario dotar a los escenarios de elementos que reflejen el mundo “exterior”. Así, si quisiésemos ofrecer la experiencia de circular por una ciudad ello implicaría reproducir los edificios, las calles, los vehículos y también, por supuesto, las personas que pueblan esa ciudad.

Puede que se generen personas por ordenador, que no se correspondan con rasgos de personas reales o conocidas, pero puede que para que la experiencia sea realmente auténtica debamos emplear a personas reales conocidas del “visitante virtual”. Ya sean familiares, amigos o parientes o ya sean famosos con los que soñemos interactuar en ese entorno.

Y no sólo la imagen de otras personas, puede que deseemos recrear la experiencia con más datos auténticos como números de teléfono, direcciones, el coche y la matrícula, etc.

Todo ello son aspectos que van a implicar un tratamiento de datos personales de terceros.

Desde la perspectiva de la protección de datos, la persona que pueda encargar una experiencia aportando la información de que dispone de conocidos o familiares es responsable de esos datos, que podrían enmarcarse en la excepción para actividades privadas o domésticas, salvando así las restricciones u obligaciones que la LOPD contempla.

Pero el desarrollador que incorpora esa información a sus sistemas, que recrea personas o lugares reales, tendrá un incentivo para ofrecer experiencias a otras personas y reutilizar los elementos que ya ha recreado. Pero solo podría reutilizarlo previo consentimiento de las personas afectadas, lo que genera un problema evidente.

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Cedida por pestoverde vía Foter.com bajo CC-BY

Las limitaciones y los problemas aparecen con claridad, puesto que, además, existirá cierta tendencia a emplear sistemas de captación de imágenes de redes sociales, de escaneos tridimensionales o de interpolaciones fotográficas que permitan generar representaciones de personas de manera rápida, realista y masiva.

Un ejemplo de la problemática a la que se van a enfrentar estos sistemas lo hemos visto, y lo podemos ver, si hacemos uso de la herramienta de Google Street View.

Evidentemente, no se consigue una experiencia realista, es decir nunca conseguimos introducirnos en el mundo representado por la pantalla pero, si nos fijamos, la empresa ha tenido que difuminar las caras de las personas que circulan por la calle, las matrículas y hasta en ocasiones los números de los edificios.

No es descabellado asimilar esta situación, desde el punto de vista del derecho, a la que se van a enfrentar las empresas que generen los mundos virtuales. Por ello, debemos empezar a tomar consciencia de estos nuevos desafíos y, a la hora de explorar modelos de negocio basados en estos sistemas, adoptar los protocolos legales que impidan un problema de este tipo.

Sin duda surgirá también todo un mercado en el que personas reales licenciarán sus derechos de imagen para ser incorporados a sistemas de realidad virtual, al igual que ya sucede con los bancos de imágenes fotográficas.

Se aventura por lo tanto un nuevo y más complejo mercado de los datos, que a pesar de su novedad, no carecerá de regulación aplicable.

Feliz día de la Protección de Datos

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